Netflix lleva tiempo intentando dar con la comedia romántica ideal dentro de su catálogo: algunas veces lo logra, pero en otras ocasiones termina ofreciendo historias tan formuladas que se diluyen rápidamente entre el resto de estrenos. Sin embargo, “Mensajes de voz para Isabelle” se desmarca de ese patrón y consigue destacar con una propuesta mucho más sólida.
Aunque parte de una premisa conocida y recurre a varios elementos clásicos del género, la película encuentra su propia voz al utilizar el romance como punto de partida para explorar temas más profundos como el duelo, la pérdida y la dificultad de aprender a seguir adelante.
La historia se centra en Jill, una joven chef que intenta reconstruir su vida en San Francisco tras la muerte de su hermana Isabelle, quien padeció fibrosis quística durante años. Incapaz de cerrar ese capítulo, Jill mantiene la costumbre de llamarla al antiguo número de teléfono para dejarle mensajes de voz, como si aún pudiera escucharla. Lo que no sabe es que ese número ya ha sido reasignado.
El nuevo dueño de la línea es Wes, un ejecutivo del sector inmobiliario que vive atrapado en relaciones superficiales y sin rumbo. Al escuchar por accidente los mensajes de Jill, se siente intrigado por la historia que hay detrás de esa voz desconocida, lo que lo lleva a buscarla en San Francisco. A partir de ese encuentro se desarrolla una relación que, aunque clásica en su construcción, funciona gracias a la química entre Zoey Deutch y Nick Robinson.
Sin embargo, lo más relevante de la película es que el romance nunca ocupa el centro absoluto del relato. Más que una historia de amor convencional, funciona como una pieza dentro del proceso emocional de Jill. El recuerdo de Isabelle y la herida de su ausencia atraviesan toda la narración, recordándole al espectador que ningún vínculo nuevo puede sustituir las pérdidas que marcan profundamente a una persona. Detalla Espinof
