Guardar la ropa parece una tarea sencilla: doblarla, colocarla en un cajón o colgarla en el clóset.
Sin embargo, hay un error bastante común que puede hacer que las prendas pierdan su forma, acumulen humedad o incluso desarrollen malos olores.
Uno de los principales errores es guardar la ropa cuando todavía conserva algo de humedad. Aunque una prenda parezca seca al tacto, si quedó ligeramente húmeda después del lavado, doblarla y encerrarla en un cajón puede crear un ambiente ideal para la aparición de malos olores y, con el tiempo, moho.
¿Qué deberías hacer?
Antes de guardar cualquier prenda, asegúrate de que esté completamente seca. Si tienes dudas, déjala unos minutos más al aire libre, especialmente en días lluviosos o cuando hay mucha humedad.
Otro error frecuente es llenar demasiado los cajones y el clóset. Cuando las prendas quedan demasiado apretadas, pierden su forma y es más difícil que circule el aire. Además, esto puede provocar que la ropa termine arrugada incluso después de haberla planchado.
También es importante prestar atención a qué prendas doblas y cuáles cuelgas. Los tejidos delicados, camisetas de punto y algunas prendas pesadas pueden deformarse si permanecen colgadas durante mucho tiempo. En estos casos, es preferible doblarlas.
Un hábito sencillo puede ayudarte
Una buena práctica es guardar la ropa únicamente cuando esté completamente seca y dejar cierto espacio entre las prendas. También conviene revisar de vez en cuando los cajones y el clóset para evitar acumular ropa que ya no utilizas.
Así, además de mantener tus prendas más ordenadas, puedes ayudar a conservar su forma, evitar malos olores y hacer que duren más tiempo.
