¿Te ha pasado que estás en un lugar donde todos están cómodos con la temperatura, pero tú necesitas una chaqueta o simplemente no dejas de sentir frío?
Aunque puede parecer una característica personal, existen diferentes razones por las que algunas personas son más sensibles a las bajas temperaturas.
Una de las explicaciones más comunes está relacionada con la circulación sanguínea. Cuando el cuerpo necesita conservar calor, reduce el flujo de sangre hacia las manos y los pies para mantenerlo en los órganos internos. Por eso, algunas personas pueden sentir especialmente frías las extremidades.

Otro factor puede ser la cantidad de grasa corporal y masa muscular. El tejido muscular produce calor y la grasa corporal ayuda a conservarlo, por lo que las diferencias en la composición corporal pueden influir en cómo cada persona percibe la temperatura.
También puede estar relacionado con los hábitos diarios. Dormir poco, no comer adecuadamente o pasar mucho tiempo sin actividad física pueden influir en la sensación de frío. El movimiento, por ejemplo, aumenta la circulación y genera calor corporal.
En algunos casos, sentir frío constantemente puede estar relacionado con condiciones como anemia, problemas de tiroides o alteraciones en la circulación. Esto no significa que tener frío sea necesariamente señal de una enfermedad, pero si la sensación es persistente, aparece de repente o se acompaña de otros síntomas, es recomendable consultar con un profesional de la salud.
Así que la próxima vez que todos estén diciendo que hace calor mientras tú buscas una sudadera, puede haber una explicación más allá de simplemente “ser friolento”. La forma en que cada cuerpo produce y conserva calor puede hacer que la misma temperatura se sienta muy diferente de una persona a otra.
