Despertar sobresaltado después de una pesadilla puede afectar la calidad del descanso y hacer que comenzar el día resulte más difícil.
Aunque soñar es una parte normal del sueño, algunos hábitos pueden favorecer noches más tranquilas y reducir la frecuencia de estos episodios.

Las pesadillas pueden aparecer con mayor frecuencia durante períodos de estrés, ansiedad, cambios en los horarios de sueño o falta de descanso. También pueden estar relacionadas con experiencias emocionales intensas o con determinados medicamentos.
Para intentar evitarlas, especialistas en sueño recomiendan mantener una rutina regular para acostarse y levantarse, procurando dormir las horas suficientes. Tener horarios similares todos los días ayuda al organismo a establecer un ritmo de descanso.
También es recomendable crear un ambiente relajante antes de dormir. Reducir el uso del celular, evitar contenido que genere miedo o tensión y realizar actividades tranquilas, como leer o escuchar música suave, puede ayudar a preparar al cerebro para el descanso.
Otro punto importante es cuidar lo que se consume durante la noche. Evitar comidas muy pesadas, cafeína y alcohol cerca de la hora de dormir puede contribuir a tener un sueño de mejor calidad.
Si una pesadilla ocurre, despertarse y tratar de relajarse antes de volver a dormir puede ser útil. Algunas personas también encuentran beneficioso anotar lo que soñaron y cómo se sintieron, especialmente cuando las pesadillas son recurrentes.
¿Cuándo prestar atención?
Tener una pesadilla ocasional no suele ser motivo de preocupación. Sin embargo, si ocurren con mucha frecuencia, interrumpen constantemente el sueño o afectan las actividades durante el día, es recomendable consultar con un profesional de la salud para identificar qué podría estar provocándolas.
En muchos casos, mejorar los hábitos de sueño y reducir el estrés puede ser un primer paso para conseguir noches más tranquilas.
