Tradicionalmente se creía que los padecimientos cardiovasculares y renales pertenecían exclusivamente a etapas adultas tardías. Sin embargo, un estudio tecnológico evaluado por pares en el Future of Families–Cardiovascular Health Among Young Adults (FF-CHAYA) y publicado en Circulation: Population Health and Outcomes encendió las alarmas de la medicina preventiva: el 79.3 % de los jóvenes evaluados (con una edad promedio de 22.9 a 23 años) ya presenta riesgo o enfermedad en el espectro del síndrome CKM (cardiovascular-renal-metabólico).
El marco CKM conecta de forma directa la obesidad, la diabetes tipo 2, la enfermedad renal crónica y los trastornos del corazón, demostrando que no actúan de forma aislada.
LOS HALLAZGOS CLAVES DEL ESTUDIO
Radiografía de etapas: De 1,283 jóvenes analizados, solo el 20.7 % se ubicó en la etapa 0 (sin factores de riesgo). El resto se repartió en 40.2 % en etapa 1 (exceso o disfunción de grasa corporal), 36.2 % en etapa 2 (factores de riesgo metabólico o renal como hipertensión o colesterol alterado), y 2.8 % en etapa 3 (enfermedad cardiovascular subclínica o renal avanzada; etapa 4 en 0%).
Daño arterial temprano: Los ultrasonidos revelaron indicios de engrosamiento en la pared de la carótida —marcador temprano de aterosclerosis y vía rápida a placa de ateroma— en etapas avanzadas del síndrome durante los 20 años.
El escudo de las “8 Esenciales de la Vida” (Life’s Essential 8): Puntajes más altos en las guías de salud cardiovascular de la American Heart Association (alimentación, sueño, actividad física, no tabaco, peso, colesterol, glucosa y presión arterial) se correlacionaron con etapas CKM más bajas.
Las arterias no avisan con dolor; el daño subclínico detectado en esta cohorte demuestra que la cuenta regresiva para la salud vascular inicia en la universidad o al arranque de la vida laboral.
