El mercado de la relojería vive una jornada histórica y conflictiva. El lanzamiento de la colección Royal Pop, una colaboración entre las marcas Swatch y la firma de alta gama Audemars Piguet, ha provocado un auténtico descontrol en las principales capitales del mundo. Ciudades como Londres, Nueva York, Tokio y Barcelona registraron aglomeraciones masivas, campamentos improvisados de varios días y disturbios que obligaron a la intervención policial y al cierre de múltiples establecimientos por motivos de seguridad.
El atractivo principal de la serie radica en fusionar el diseño octogonal del legendario modelo Royal Oak con el estilo colorido de los relojes pop de los años ochenta. Aunque el precio de venta oficial en las tiendas físicas se sitúa entre los 385 y los 400 euros, la extrema exclusividad de la distribución, disponible únicamente en 200 locales seleccionados y con el límite de una pieza por persona, encendió las alarmas de la especulación.
A las pocas horas de salir a la luz, el mercado secundario de internet comenzó a registrar ofertas con cifras astronómicas que alcanzan hasta los 16.000 euros por ejemplar. Ante el pánico y los desmayos en las filas, el grupo suizo emitió un comunicado solicitando calma y recordando que el producto no es una edición estrictamente limitada, sino que seguirá llegando a los mostradores durante los próximos meses.
