El debate en torno a la temperatura de consumo de bebidas calientes ha ganado tracción médica respaldado por evaluaciones de la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC/OMS). Ingerir líquidos a temperaturas muy altas (por encima de los 65 °C de forma habitual) provoca un estrés térmico crónico en la mucosa del esófago.
Repetir estas microquemaduras de manera constante genera un proceso inflamatorio y de regeneración celular acelerada que, a lo largo de los años, incrementa la vulnerabilidad del tejido a mutaciones y, por ende, eleva estadísticamente el riesgo de desarrollar carcinoma de células escamosas esofágico. No es el tipo de infusión en sí (café, té, mate o agua caliente), sino el choque térmico directo contra el tracto digestivo superior.
LAS CLAVES DEL HÁBITO Y LA PREVENCIÓN
El umbral de seguridad térmica: Los especialistas sugieren dejar reposar las bebidas hirvientes unos minutos para permitir que desciendan por debajo de los 60 °C–65 °C, eliminando el daño agudo por calor al tragar.
Sinergia con otros factores de riesgo: El impacto de las bebidas muy calientes se potencia exponencialmente cuando se combina con consumo de tabaco o ingesta frecuente de alcohol, irritando de forma severa la barrera mucosa.
Cultura de la pausa: La recomendación no busca prohibir el ritual de la bebida caliente, sino modular la paciencia al servir, transformando el hábito en una experiencia placentera y segura para la salud esofágica a largo plazo.

