Dar vida a Nikki significó para la actriz sumergirse por completo en la compleja mente de un personaje marcado por la dependencia emocional y la obsesión. Según explicó, la historia muestra cómo una mujer que inicialmente se siente amada y valorada comienza a experimentar el rechazo de la persona que más quiere, lo que desencadena una profunda transformación emocional.
A medida que la relación se deteriora, Nikki intenta adaptarse constantemente para convertirse en aquello que cree que su pareja espera de ella. Sin embargo, sus esfuerzos no obtienen la respuesta que busca, provocando sentimientos de frustración, ansiedad y una creciente pérdida de estabilidad emocional.
La actriz destacó que el personaje atraviesa un proceso intenso y progresivo, en el que cada experiencia la lleva a un estado más vulnerable. En su opinión, la construcción del guion fue clave para que esa evolución resultara creíble, ya que cada decisión y reacción de Nikki responde a una lógica interna dominada por la obsesión.
Uno de los mayores desafíos fue mantener la coherencia emocional del personaje durante el rodaje, ya que las escenas fueron grabadas sin seguir el orden cronológico de la historia. Esto obligó a la intérprete a identificar con precisión el estado psicológico de Nikki en cada momento para reflejar correctamente su evolución.
Más allá de la ficción, la actriz reflexionó sobre la diferencia entre el amor y la obsesión, señalando que esta última suele estar centrada en las propias necesidades y expectativas, impidiendo ver a la otra persona tal como es. Además, aseguró que este proyecto le permitió descubrir nuevas herramientas interpretativas y ganar confianza para asumir papeles aún más exigentes en el futuro. Datos Infobae
