Mantener el cuerpo fresco durante días de altas temperaturas es clave para evitar un golpe de calor, una condición que puede poner en riesgo la vida si no se trata a tiempo. Para prevenirlo, es fundamental hidratarse constantemente, incluso si no se siente sed. El agua sigue siendo la mejor opción, aunque también pueden incluirse bebidas con electrolitos en casos de exposición prolongada al calor.
Otra medida importante es evitar la exposición directa al sol en las horas más intensas del día, generalmente entre las 11:00 y las 16:00 horas. Buscar espacios con sombra, usar ropa ligera de colores claros y tejidos transpirables, así como proteger la cabeza con gorra o sombrero, ayuda a mantener una temperatura corporal más estable.
Refrescar el cuerpo externamente también es una estrategia efectiva. Duchas con agua fresca, colocar paños húmedos en zonas como el cuello y las muñecas, o utilizar ventiladores y aire acondicionado contribuyen a disipar el calor acumulado. Además, reducir la actividad física intensa durante las horas de mayor calor evita que el cuerpo genere aún más temperatura.
De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, estas prácticas son esenciales para prevenir enfermedades relacionadas con el calor, especialmente en niños, adultos mayores y personas con enfermedades crónicas. Reconocer síntomas como mareos, piel caliente o confusión puede marcar la diferencia para actuar a tiempo y evitar complicaciones mayores.
